Mostrando entradas con la etiqueta #MisPequeñasHistorias.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #MisPequeñasHistorias.. Mostrar todas las entradas

24.9.13

Mis Pequeñas Historias (8)

                                       "Sal con una chica que lee" de Rosemary Urquico


Sal con una chica que lea. Sal con una chica que se gaste el dinero en libros en vez de en ropa. Que tenga problemas de espacio en el armario porque tiene demasiados libros. Sal con una chica que tenga una lista de libros que quiere leer y carné de la biblioteca desde los doce años.

Encuentra una chica que lea. Sabrás que lo hace porque siempre llevará un libro a medias de leer en el bolso. Será la que mire con amor las estanterías de la librería, la que llora silenciosamente cuando encuentra el libro que quería. ¿Ves la chica rara que huele las páginas de los libros viejos en una librería de segunda mano? Esa es la lectora. Nunca se pueden resistir a oler las páginas, especialmente si están amarillentas.

Es la chica que lee mientras está esperando en la cafetería del final de la calle. Si echas un vistazo a su taza, verás que la crema del café está flotando en la superficie porque ya está absorta. Perdida en un mundo que el autor ha creado. Siéntate. Probablemente te mire fugazmente, como la mayoría de las chicas que leen no le gusta ser interrumpida. Pregúntale si le gusta el libro.

Invítala a otra taza de café.

Hazle saber que lo que piensas de Murakami. Comprueba si ha pasado del primer capítulo deLa Comunidad del Anillo. Entiende que si te dice que entendió el Ulysses de James Joyce sólo te lo dice para sonar inteligente. Pregúntale si le gusta Alice o si le gustaría ser Alice.

Es sencillo salir con una chica que lea. Regálale libros por su cumpleaños, por Navidad y por los aniversarios. Dale el regalo de las palabras, en poesía, en canciones. Regálale a Neruda, Pound, Sexton, Cummings. Hazle saber que entiendes que las palabras son amor. Entiende que ella conoce la diferencia entre los libros y la realidad, pero por dios que va a intentar hacer su vida un poco como su libro favorito. Nunca será tu culpa si lo hace.

De alguna manera tiene que intentarlo.

Miéntele. Si entiende la sintaxis, entenderá que necesitas mentir. Tras las palabras hay otras cosas: motivaciones, valores, matices, diálogos. No va a ser el fin del mundo.

Fállale. Porque una chica que lee libros sabe que el fracaso siempre lleva hasta el clímax. Porque ellas entienden que todas esas cosas tendrán un final. Y que siempre puedes escribir una secuela. Y que puedes empezar otra vez, y otra y seguir siendo el héroe. Que la vida está destinada a tener un villano o dos.

¿Por qué estar asustado de todo lo que no eres? Las chicas que leen entienden que esa gente, como los personajes, evolucionan. Excepto en la saga Crepúsculo.

Si encuentras una chica que lea, mantenla cerca. Cuando la encuentres a las 2 de la mañana sosteniendo un libro contra su pecho y llorando, hazle una taza de té y abrázala. Puedes perderla por unas cuantas horas, pero siempre volverá a ti. Hablará como si los personajes del libro fuesen reales, porque durante un rato, siempre lo son.

Te declararás en un globo aerostático. O durante un concierto de rock. O casualmente la próxima vez que esté enferma. Por Skype.

Sonreirás con tantas ganas que te preguntarás por qué tu corazón no ha explotado y la sangre no está corriendo ya por tu pecho . Escribirás la historia de vuestra vidas, tendréis hijos con nombres extraños y gustos aún más extraños. Les presentará a vuestros niños al Gato Garabato y a Aslan, quizá el mismo día. Pasaréis los inviernos de vuestra vejez juntos y ella recitará a Keats en voz baja mientras te sacudes la nieve de las botas.

Sal con una chica que lea porque te lo mereces. Te mereces una chica que pueda darte la vida más colorida imaginable. Si sólo puedes darle monotonía y horas aburridas y compromisos a medias, entonces estás mejor solo. Si quieres el mundo y los mundos que hay más allá, sal con una chica que lea.

O mejor aún, sal con una chica que escriba.

2.9.13

Mis Pequeñas Historias (7)

Hola people. ¿Cómo andan? Hoy les traigo una escena eliminada de Obsidian "El Helado". No sé si lo saben pero este libro me encanto. Disfruten.


Gracias a Saga Lux Spain por la traducción


"El helado"

Daemon y yo nos miramos el uno al otro desde lados opuestos de mi porche. Bueno, yo era la que observaba fijamente y él sonreía con superioridad.
"Puedo quedarme sentado aquí toda la noche" dijo, apoyándose contra la barandilla como si realmente estuviera planeando acampar allí toda la noche. Recordé el día en que me invitó a ir a nadar. Si le provocaban, podía convertirse en alguien con tal determinación que acababa siendo molesto. "Si quieres un helado, voy contigo" Las llaves se me clavaban en la palma de la mano "No quiero que vengas conmigo" "No me importa" Por un segundo, me distraje con imágenes de mí, volando por el porche y pegándole con mis llaves - no en aquella hermosa cara, claro - como si fuera un ninja.
Se pasó una mano por el pelo, palmeándose la frente "La única opción que me queda es mandar a Dee a que te traiga un poco de helado" "¡Se lo comerá todo antes de que esté de vuelta!" Sus labios se tensaron "Eso es cierto. Entonces supongo que vas a coger ese pequeño y precioso culo" apuntó a la puerta principal de mi casa con una mano "y vas a volver dentro de la casa, donde no hay ni helado ni sirope de chocolate"
Suspiré. No era que no entendiera que no podía andar sola. Todavía había un Arum por ahí, y ya que seguía brillando como una bola de discoteca, era un blanco fácil. Pero había alcanzado mi cuota aceptable de Daemon por un día.
"O virutas del color del arcoiris" continuó malévolamente "O esas chucharillas tan chulas que te dan en esa tienda perfecta de la ciudad" Respirando con profundidad, crucé los brazos "Estás muy equivocado" 
"Oh! y en tu casa no te sirven dulcemente. Y tampoco hay conos para el helado. O helado en general"
Gruñí, luchando contra el impulso de golpearme la cabeza contra la pared de mi casa "Dios, te odio a veces" Daemon mostró sus perfectos dientes blancos "No, no lo haces" En vez de discutir con él, eché a andar "Vale. Vamonos" "Por fin has entrado en razón" Antes de que pudiera responderle o hacer algo, me quitó las llaves de la mano "¡Oye!" exclamé "¿Qué crees que estás haciendo?"
Daemon ya estaba junto a mi coche, abriendo la puerta del conductor. Odiaba cuando utilizaba su super-velocidad. Me lanzó una mirada inocente "Lo siento. No confío mi vida en tus manos cuando conduces" Puse los ojos en blanco y me lancé hacia el lado del pasajero "Perfecto. Conduce. Lo que sea" Se rió entre dientes y mi piel picó de irritación y...y no sabía qué más estaba pasando allí. ¿Diversión? Definitivamente. Nadie me hacía sentir como lo hacía Daemon. Un momento me provocaba, haciéndome querer estallar por su culpa, y al siguiente me hacía sentir cosas que no tenían sentido para mí.
Pero me había salvado la vida. ¿Cuántas veces ya? ¿Tres? Probablemente más si contaba al oso y cuando me defendió de otro Luxen. Vaya, yo era un fastidio.
Y había permanecido conmigo después del baile. No porque se sintiera obligado, sino porque sabía que estaba asustada. En el fondo, Daemon podía ser un chico decente cuando quería.
Estuvimos discutiendo todo el camino hasta llegar a la ciudad: sobre la emisora de radio, el límite de velocidad, de si debía cambiarle los frenos al coche, y por qué debería ponerle otros neumáticos antes de que empezara a nevar. Cuando llegamos al Mom and Pop, Daemon salió primero del coche, apretando el cierre automático antes de que yo pudiera salir del coche "¡Argh!" Apreté el botón para abrir las puertas y la abrí con fuerza "¡Idiota!" lanzándome una sonrisa ladina sobre sus hombros, abrió la puerta de la tienda para mi "Las señoritas primero" Agotada, me moví lentamente hacia delante, medio esperando que me la cerrara en la cara, pero cuando no lo hizo, murmuré "Gracias"
Su risa sofocada me provocó un estremecimiento "Suenas tan sincera" dijo, caminando tras de mi "Entonces, ¿qué te apetece?"
Una imagen fugaz de él apretándose contra mí apareció en mi mente, su mano posada sobre la piel de mi estómago. Mi pecho ardió. Probablemente seguía pensando en aquél momento porque Daemon había estado dormido y no había abierto su molesta boca.
Daemon se inclinó hacia mi y murmuró "Helado, gatita. Estoy hablando de helado" "Lo sé" Le empujé, pero era como tratar de mover una montaña. No se fue a ningún lado y abandoné el intento cuando alzó un brazo y me rodeó con él los hombros.
Me condujo a través de los pequeños reservados hasta llegar al mostrador donde había un cartel que ponía "HELADOS PARA CADA ESTACIÓN". En el momento en el que vi los cubos de delicioso helado, mi estómago tembló.
Había tantas opciones. La gran parte eran de sabores típicos - calabaza, mantequilla de manzana, de nuez y muchos más. Daemon se pidió una combinación de distintos sabores que hizo estremecerse a mi estómago y yo me decidí por chocolate y vainilla. Por supuesto, la chica que nos atendió lo roció con sirope y virutas de chocolate.
Cogiendo nuestras tarrinas, nos fuimos hacia un reservado hacia el fondo y nos sentamos. Sólo había dos personas más en la tienda, y si no hubiera sido por la emisora de radio que emitía los clásicos, el silencio habría sido insoportable.
Habría sido demasiado incómodo.
Me lancé hacia mi helado, que no comía en semanas. No es que yo comiera mucho helado, pero oye, cuando tenía ganas de él, me ponía frenética. Y éste estaba perfecto. El sirope era como un lago de chocolate en mi bol.
Levantando la vista, me encontré a Daemon mirándome con los ojos caídos "¿Qué?" Se encogió de hombros.
Sentí la sangre coloreando mis mejillas "¿Me estás observando mientras como?" "Si" Se metió una cucharada enorme de helado en su boca "Eso no es raro ni nada por el estilo" Cohibida, moví la cucharilla por la mezcla de helado "¿Puedes mirar a otra persona?" Un lado de su boca se alzó "No quiero mirar a nadie más" Mi estúpido corazón se desbocó como si aquello fuera una declaración de amor "¿Siempre haces lo que quieres?"
Contuvo la risa "No tanto, gatita. Y además, no hay mucha gente aquí. Creo que la otra mujer tiene ochenta y cinco años. Prefiero mirarte a ti" "Vaya, gracias" "De nada" Puse los ojos en blanco. El silencio se instaló entre nosotros y luché por encontrar algo que decir "¿Vienes mucho por aquí?" No me respondió inmediatamente y aparecieron líneas de tensión en su rostro "Solíamos venir" Me tomó un momento entender lo que quería decir y sentí cómo mi pecho se tensaba "¿Solíais?"
Su mirada se quedó vacía, como mirando al infinito "Solíamos venir cada semana aquí...con Dawson. Como para Dee, el helado era otro grupo de comida para él" Miré hacia un lado, sintiéndolo por él y por Dee. "¿Y ya no vienes con Dee" "No" Probablemente porque era muy duro para ellos, tuve el presentimiento de que Daemon evitaba cualquier cosa que le recordara a su hermano. Me pregunté por qué entonces había elegido este lugar, porque por lo que pude deducir de sus movimientos tensos, los recuerdos le hacían daño.
Me mordí el labio mientras jugaba con la cucharilla, sin hambre. No sabía lo que era perder a un hermano, pero sabía lo que era perder a alguien a quien amas. Quien quiera que dijera que el dolor disminuía con el tiempo, no tenía ni idea. Claro, la pena ya no aparecía con tanta frecuencia, pero cuando lo hacía, era como si te atravesaran el corazón con un cuchillo cada vez "¿Gatita?" "¿Qué?" Le miré.
Inclinándose sobre la pequeña mesa, su mano apareció velozmente y de repente me rozó el labio superior con su pulgar, con suavidad. Me quedé sin aire y noté un nudo en el estómago. ¿Qué estaba haciendo? Nuestras miradas volvieron a encontrarse. Me ordené a mi misma moverme o apartarle la mano, pero mi cuerpo rehusaba escuchar a mi sentido común. En vez de ello, mi cuerpo empezó a recordarme qué sintió aquella mañana en que me desperté con las manos de Daemon en mi cuerpo, la deliciosa sensación del peso de su cuerpo, una experiencia totalmente nueva, y cómo en aquél momento, nada parecía importar más que él y yo. Daemon sonrió con suficiencia. La sangre latía en mis mejillas. A veces me preguntaba si realmente podía leer las mentes y simplemente me había mentido sobre ello.
Sus dedos permanecieron en mi barbilla por unos largos segundos y cuando se echó hacia atrás, cogió su cuchara "Tenías helado en el labio" "Oh" Sus pestañas cubrieron su brillante mirada "Vale. He mentido" Pestañeé "¿Sobre qué?" "El helado" Me le quedé mirando y eché la cabeza hacia un lado "¿Has mentido sobre lo del helado en mis labios?" Daemon asintió "¿Por qué?" Sentí un hormigueo de placer en mi labio inferior "¿Por qué no?" Sacudí la cabeza "No te entiendo, no tiene sentido" "Sí tiene sentido" Dejó su cucharilla en el bol vacío y se recostó sobre el respaldo del asiento. De sonreír con suficiencia, pasó a tener el entrecejo fruncido, haciendo que aparecieran arrugas entre sus cejas "Tienes los labios suaves"
"Yo..." No tenía ni idea de qué decir. Por cómo lo dijo no sonaba como un cumplido, como si fuera mi culpa tener los labios suaves. "¿Qué? ¿preferirías que los tuviera agrietados y ásperos?" "Sí" "Vale, lo que tú digas" Dejé mi bol a medio terminar. Mi labio aún hormigueaba "Estoy lista para volver a casa"
Esas ridículas, pero envidiables pestañas se abrieron y me vi atrapada en la intensidad de sus luminosos ojos. El aire se escapó de entre mis labios entreabiertos como a una de esas chicas estúpidas que aparecen en las películas.
¿A quién pretendía engañar? Daemon conseguía convertir a cualquier persona del sexo opuesto en una de esas chicas estúpidas. Yyyyyy mi maldito labio seguía hormigueando.
Daemon abrió la boca, pero entonces volvió a cerrarla. Un músculo de su mandíbula palpitó "Vamos"
No tenía ni idea del por qué de su cambio brusco de humor, por lo que fui a deshacerme de mi tarrina, pero Daemon se interpuso y cogió nuestros envases. Después le seguí fuera, pensando que iba a ser un viaje de vuelta realmente extraño.
Como de costumbre, me dirigí al lado del conductor, pero recordé que Daemon me había quitado las llaves y aparentemente pensaba que yo era la muerte segura tras el volante. Pero Daemon se paró y se dio la vuelta "¿Qué estás...?" Me pilló tan desprevenida, que reboté sobre el increíblemente duro pecho de Daemon y me tambaleé hacia atrás.
Su brazo apareció rápidamente y me tomó de la cintura. Mis manos volaron hacia arriba y se posaron en su pecho, para estabilizarme. Sintiéndome como una idiota, alcé la mirada hacia la suya. Y todo se congeló.
O al menos, nosotros lo hicimos. Creo que Daemon ni respiraba. Estábamos tan cerca que nuestros cuerpos se tocaban casi al completo, como aquella mañana. Una sensación de calidez fluyó desde mi cabeza hasta la punta de mis pies.
Su mano se deslizó de mi cadera, hacia mi espalda y se paró justo al borde de mi cabello, provocando una sensación de zumbido por todo el camino. Cuando bajó su cabeza y sus labios rozaron mi oreja, casi perdí la capacidad de respirar "Tienes que tener más cuidado, gatita" Yo asentí, ida.
Daemon no me soltó. Su mano se agarró a la parte de atrás de mi camiseta, cogiendo partes de mi cabello. Un estremecimiento le recorrió - ¿o tal vez me recorrió a mi? No lo sabía. La anticipación y un deseo muy agudo complicaba las cosas. Su barbilla me rozó la mejilla y por un momento pensé...No sé qué pensé. Y no importaba, porque él me soltó y me rodeó. Sentí como si él siguiera allí, con su brazo a mi alrededor y sus labios peligrosamente cerca. Era una sensación que sabía que perduraría, como los sentimientos confusos que me atravesaban cada vez que estábamos cerca el uno del otro.

13.8.13

Mis Pequeñas Historias (6)


En esta sección se publicarán pequeñas historias, relatos cortos o novelas. Pueden estar escritas por mí o por alguien más. 


Hola queridos lectores. Después de mucho tiempo voy a actualizar esta sección con nada más ni nada menos que con Obsidian. Sí, así es, este es el punto de vista de nuestro re contra queridísimo y sexy Daemon, en el último capitulo del primer libro de la saga. Gracias a Saga Lux Spain por subir y traducir la escena.





"Me encantan los retos"


   Las Colonias son todas iguales.
   Humanos. Luxen. Arum. Hormigas.
   Nada más que una tonelada de locos por el Kool-Aid a los cuales no quiero a menos de cinco millas a la redonda, y no me acercaría a ellos, pero tienen algo que necesito - que Katy necesita.
   Realmente me va a deber una por esto.
  Imaginar modos en los que ella podría pagarme por esta visita, no tendría fin. Me desperecé en la sala de estar estéril. Toda de blanco - los sofás, la alfombra, las paredes y las almohadas. Era como si estuvieran en contra del color. Me daban ganas de derramar algo aposta.
   Cuando Ethan Smith volvió, llevaba una pequeña bolsa de piel en las manos. Me miró y sus oscuras cejas se arquearon sobre sus ojos de color violeta. "Sé que no eres el más paciente de nuestra raza, pero lleva su tiempo confeccionar una cosa de estas"
   Sí, casi tres días enteros de mi vida que no volveré a vivir. La mayor parte de ellos dedicados a buscar más Arum y un día entero buscando una pieza perfecta de Obsidiana, pero estaba ansioso por volver con Dee...y Kat. No me gustaba la idea de que ella estuviera brillando como una bola de discoteca con esteroides.
   Ethan no soltaba el bulto. Por supuesto que no, porque hubiera sido demasiado fácil en este punto. "¿Puedo preguntar para qué necesitas esto?"
   "¿Puedo contestar que no y tú dejaras esta conversación?"
Una pequeña y tirante sonrisa apareció en la cara del anciano Luxen "Tu arrogancia un día será tu perdición"
   Eso, entre otras cosas, sin mencionar nombres ni nada.
   La irritación destelló en el rostro de Ethan "No es que no aprecie todo lo que haces por la colonia, pero tu-"
   "La personalidad podría mejorar"  le corté, pensando en Kat "Lo pillo. Confía en mi"
   Ethan movió su cabeza hacia un lado. Su pelo estaba comenzando a ponerse gris en las sienes. "Eso espero. Sería una lástima para nuestra raza que algo malo te sucediera"
   Mi mirada se encontró con la suya "Estoy seguro de que lo sería"
   El otro Luxen fue el primero en romper el contacto visual "¿Tiene esto algo que ver con el show de luces del fin de semana?"
   "Sí. Maté a una pareja de Arum y perdieron algunas espadas en el proceso, por lo que quería algo para que Dee lo lleve encima en el caso de que algo pase" Me incliné hacia delante, con mis manos entre mis rodillas. "Es lo mismo que les he dicho a todos los Ancianos, Ethan"
   "Hmm, creo que eso me suena familiar" Me entregó la bolsa, y el peso de la obsidiana se me hizo familiar. Lo metí en mi bolsillo, preparado para salir pitando de allí. "Aunque, debería decir que nunca he visto tal despliegue de poder. Fue extraordinario.
   Una sensación de inquietud me recorrió la columna mientras estaba de pie "Bueno, soy condenadamente alucinante"
   "Sí, lo eres." Ethan se levantó con fluidez, tirando de su camiseta. "Estoy seguro de que el Departamento de Defensa se preguntará por ello"
   Me paré en la puerta, dándome la vuelta "¿Y si lo hacen?"
   "No les diremos nada al DOD si preguntan, como hacemos normalmente, pero si los traes a nuestras puertas con demasiada frecuencia, no tendrás que preocuparte únicamente de ellos" Sus ojos amatistas taladraron los míos "¿Entiendes lo que estoy diciendo?"
   La furia sustituyó a la ansiedad y le dije, con los dientes apretados "Sí, entiendo lo que estás diciendo"
   "¿Daemon?"
   Plantándole cara nuevamente, con mi mandíbula tan apretada que iba a necesitar ver al dentista "¿Si?"
   Ethan unió sus manos y sonrió "Una pregunta más"
   Iba a lanzarme por una ventana "Adelante"
   "¿Esta chica humana con la que tu hermana y tú os andáis juntando?" Dijo Ethan, y me tensé, pero no estaba sorprendido. Los Ancianos eran tan malos como la DOD, si no peores "¿Será un problema?" preguntó.
   "No" Pero tú si lo serás si vuelves a mencionar a `esta chica humana`. No dije eso en alto o en nuestro idioma, pero mi cara dejó el mensaje bien alto y claro.
   Ethan asintió y no volvió a detenerme.


  Transformándome en mi verdadera forma, me tomó unos segundos abandonar la colonia y llegar a la urbanización de casas. Sin saber si la madre de Kat estaría por ahí, volví a tomar mi forma humana antes de salir de entre los árboles.
   La cosa más extraña sucedió cuando entraba por nuestro camino. Una sensación cálida fluyó por mi cuello, seguido por una sensación de cosquilleo agradable entre mis hombros. Junto con aquella sensación extraña, otra aguijoneó. Me sentía ¿Completo? ¿Qué demonios?
   Creo que necesitaba una siestas.
   Tan pronto como llegué al porche, sabía que Kat estaba dentro. No podría explicar cómo lo sabía o por qué, pero lo sabía dentro de mi.
   Empujando la puerta de la sala de estar, pasé por el recibidor y mis ojos encontraron a Kat antes que a nadie. Estaba sentada en el sofá, las finas pestañas bajadas; escondiendo esos ojos grises y su pelo suelto, caía alrededor de su rostro, sobre sus hombros y su espalda.
  Me paré donde estaba, incapaz de moverme, demasiado rápido para que ella se diera cuenta. Verla, bueno, provocaba cosas sobre las que no había estado preparado para ahondar antes. Diablos, no sabía en qué punto me había preparado para ello.
   Probablemente pasó en algún momento entre el momento en el que pensé que estaba muerta y después no lo estaba.
   Me lancé al sofá, al lado de ella, observándola. Sabía que ella era consciente de mi presencia a un nivel intrínseco. El rubor rojizo de sus mejillas lo confirmaba.
  "¿Dónde has estado?" preguntó.
   El silencio cayó cuando Dee y Adam se dieron la vuelta hacia ella. Arqueé una ceja, luchando para contener la risa a medida que calor recorría sus mejillas y bajaba por su garganta. "Bueno hola, cariño, he estado fuera de fiesta y de putas. Ya sabes lo que me gusta desfasarme.
   Apretó sus labios. "Gilipollas"
   Mi hermana gruñó " Daemon, no seas imbécil.
   "Sí, mamá. He estado con otro grupo, buscando por todo el maldito estado para estar seguros de que no haya más Arum" Ofrecí una mejor explicación.
   Adam se inclinó hacia delante "No hay ninguno más, ¿verdad? Porque le hemos dicho a Katy que no tiene de qué preocuparse"
  Mi mirada se quedó fija en la suya brevemente "No hemos visto a ninguno"
  Dee se rió a carcajadas feliz y dio palmadas. Se dio la vuelta hacia Kat, sonriendo "¿Ves? No tienes nada de lo que preocuparte. Todo se ha terminado"
   Kat sonrió "Es un alivio"
  Informé a Adam de todo lo sucedido durante el viaje, dejando fuera la mayor parte de mi conversación con Ethan White, pero durante todo el rato mi atención estaba centrada en Kat. Super consciente de cada pequeño movimiento que hacía, cada músculo tenso y luego relajado, y cada respiración que hacía.
   "¿Katy? ¿Estás aquí?" Preguntó Dee.
   "Eso creo" Kat sonrió de nuevo, pero algo faltaba. Mis ojos se estrecharon.
   "¿Habéis estado volviéndola loca, chicos?" suspiré "¿Bombardeándola con un millón de preguntas?"
   "¡Nunca!" exclamó Dee. Luego se rió " Ok. Tal vez"
   "Me lo imaginaba" murmuré, estirando las piernas. Un segundo después, miré a Kat. Nuestras miradas se encontraron. La tensión llenó la habitación, y me pregunté qué estaría pasando detrás de aquellos ojos.
   Dee se aclaró la garganta con fuerza "Sigo hambrienta, Adam"
   Él se rió. "Eres peor que yo"
   "Verdad. Vamos al Smoke Hole. Creo que hoy tienen pastel de carne casero" Dee saltó, se puso de pie y me dio un beso en la mejilla. "Me alegro de que estés de vuelta. Te he echado de menos"
  La sonreí "Yo también te he echado de menos"
  Cuando la puerta se cerró tras Dee y Adam, Kat se dio la vuelta hacia mi "¿De verdad está todo bien?"
  Un extraño sentimiento me golpeó en aquél momento. Quería sostenerla, porque debía de estar muy preocupada para realizar aquella pregunta, y parecía la cosa correcta que hacer.
   Por supuesto que lo era. ¿Cuántas veces había sostenido a Ash cuando estaba preocupada? O, de un modo diferente, cuando Dee estaba preocupada?
    "En su mayor parte" Antes de saber lo que estaba haciendo, alcé una mano y mis dedos corrieron por su mejilla. Una sensación de shock pasó por las yemas de mis dedos, como energía estática, pero muy, muy diferente "Joder"
    "¿Qué?" Sus ojos se abrieron de golpe.
    Me senté y me moví, quedándome tan cerca de ella que nuestras piernas se tocaban, sin estar preparado para lo que suponía que había pasado entre nosotros cuando la curé "Tengo algo para ti"
    La confusión corrió por su rostro "¿Va a explotarme en la cara?
    Me reí mientras alcanzaba el bolsillo delantero de mis vaqueros, sacando el bolsito de piel. Se lo alargué, observando mientras ella tiraba con cuidado de la cuerda y daba la vuelta a la bolsa, como si tuviera miedo de que una granada fuera a salir de ella. Pero cuando vio el colgante con la obsidiana, sus pestañas se abrieron y estaba realmente sorprendida.
   Una presión surgió en mi pecho a la vez que sonreía. Un sentimiento diferente, como cuando estas a punto de subir a una montaña rusa. Nunca me había sentido así antes "Créelo o no, pero incluso una cosa tan pequeña puede atravesar la piel de un Arum y matarlo. Cuando se ponga caliente, sabrás que hay Arum cerca, incluso si no puedes verlos" Abrí el broche, sosteniendo los extremos "Me llevó mucho tiempo encontrar una pieza como esta ya que el cuchillo acabó hecho papilla. No quiero que te lo quites nunca, ¿vale? Por lo menos cuando... Bueno, llévala casi siempre"
  La cara de sorpresa no desapareció mientras ella se daba la vuelta y ponía su pelo fuera del camino. Tan pronto como el pequeño broche se cerró, se dio la vuelta para mirarme. Una expresión de seriedad sustituyó el shock. "Gracias. Por todo"
  "No ha sido para tanto. ¿Alguien ha preguntado por tu rastro?
  Movió su cabeza, negando. "Creo que se lo esperaban debido a la lucha"
  Asentí, satisfecho de que al menos hubiera una cosa menos de la que preocuparse por ahora "Joder, brillas como un cometa ahora mismo. Tenemos que librarnos de él o volveremos a estar como al principio.
  Kat me miró por un momento, sus ojos afilándose. ¿Y eso que quiere decir?
  "Ya sabes, nosotros...condenados a estar juntos hasta que el maldito rastro desaparezca" Joder, eso sonaba como una mierda.
  "Después de todo lo que he hecho, ¿estar los dos juntos es una condena para ti?"
   Oh, mierda.
  "¿Sabes qué? Que te jodan, tío. Gracias a mi, Baruck no encontró a tu hermana. Gracias a lo que hice, casi muero. Me curaste. Por ello tengo el rastro. Nada de eso es mi culpa"
  "¿Y es mía? ¿Debería haberte dejado morir? ¿Es lo que habrías querido?"
  "¡Esa es una pregunta estúpida! No me arrepiento de que me curases, pero no pienso seguir con este tira y afloja contigo nunca más"
  "Creo que protestas demasiado teniendo en cuenta que te gusto" sonreí, sabiendo que las garras estaban a punto de salir "Creo que tratas de convencerte de lo contrario"
  Kat tomó una inspiración profunda, haciendo que su pecho se elevara "Creo que sería mejor que te mantuvieras lejos de mi"
  "Me temo que no puedo"
  "Alguno de los otros Luxen pueden vigilarme o lo que sea" Protestó "No tienes que ser tú"
  Sí, eso no iba a pasar "Tú eres mi responsabilidad"
  "No soy nada tuyo"
  "Eres definitivamente algo mío"
  Parecía como si quisiera pegarme. De alguna manera, quería que lo intentara, y honestamente, no sé por qué me gusta liarla tanto con ella "Me repugnas"
  "No.  No lo hago"
  "Vale. Necesito quitarme este rastro de encima. Ahora"
  Una idea vino a mi mente "Podríamos enrollarnos otra vez. Ver qué pasará con este rastro. Parece que funcionó la última vez"
   Sus mejillas se sonrojaron otra vez y una luz llenó sus ojos "Sí, eso no va a pasar otra vez"
  "Sólo era una sugerencia"
  "Una que nunca...sucederá..."dijo"otra vez"
  "No actúes como si no te lo hubieras pasado tan bien como..."
  Kat me dio en el pecho...fuerte. Y no pude contenerme, Me reí, y ella hizo ese sonido tan mono de disgusto a la vez que se apartaba. Su pequeña mano se movió por mi pecho y me tomó todo lo que yo tenía no cogerla y hacer...bueno, otras cosas con ella.
   Arqueé una ceja "¿Me estás metiendo mano, gatita? Me gusta hacia donde nos lleva esto..."
   Sus labios se abrieron mientras mantenía la presión. Mi pulso se aceleró un poco mientras la observaba.
   La sangre desapareció de su cara "Nos late el corazón...a la vez. Oh, Dios mío, ¿cómo es posible?"
   "Oh, mierda" No era la manera en la que quería empezar esta conversación.
   Nuestras miradas se encontraron, y puse mi mano sobre la suya y la apreté. Sospecho que demasiado. Esto sólo lo confirmaba, pero todo lo que sabía sobre los de mi raza curando a los humanos era tan limiado, y todo lo que yo sabía no eran más que susurros y rumores.
   "No es tan malo" Dije "Quiero decir, estoy bastante seguro de que te he transformado en algo y esto que nos pasa con el corazón no hace mas que probar que estamos conectados " Sonreí "Podría ser peor"
   "¿Qué podría ser peor?" Su voz empezó a alzarse.
   "Que estemos juntos" me encogí de hombros "podría ser peor"
   "Espera un segundo. ¿Piensas que deberíamos estar juntos porque una extraña conexión alienígena nos ha conectado? Hace dos minutos te estabas quejando por estar conmigo..."
   "Ya...bueno, tampoco estaba quejándome" Sólo tuve un momento de mala elección de palabras "Sólo estaba diciendo que teníamos que estar juntos. Esto es diferente...yo te atraigo"
    Sus ojos se abrieron como los de un gato muy cabreado "Me reservo lo último que has dicho para más tarde, pero ¿me estás diciendo que quieres estar conmigo ahora porque te sientes...obligado?"
  Me quedé quieto "No diría que obligado exactamente, pero...me gustas" Kat no respondió inmediatamente, y me preparé "Oh no. Conozco esa miradita. ¿Qué estas pensando?"
   "Que es la declaración de atracción más penosa que he escuchado nunca" Dijo, levantándose "Es patético, Daemon. ¿Quieres estar conmigo por todo lo que ha pasado?"
     Puse mis ojos en blanco a la vez que me levantaba "Nos gustamos. Lo hacemos. Es una estupidez seguir negándolo"
     "Oh, ¿esto viene del tío que me dejó en el sofá sin camiseta?" Movió su cabeza, haciendo que varios mechones de cabello volaran "No nos gustamos"
      "Vale. Debería disculparme por aquello. Lo siento" Di un paso hacia delante "Nos atraíamos antes de que te curara. No puedes decirme que sea mentira porque siempre...me has atraído"
    Y entonces la verdad me golpeó con fuerza.
    Desde el primer instante en que la vi en mi porche, nuestra primera pelea, la primera vez que me llamó gilipollas y desde la primera vez que me di cuenta de lo fuerte y valiente que era, me he sentido atraído por ella. La he deseado.
    A lo mejor he protestado demasiado todo este tiempo.
    "Que yo te atraiga es una reacción igual de patética que la del rastro para decirme que quieres estar conmigo"
    "Oh, tú sabes que es más que eso" Hice una pausa, sobrecogido por el hecho de que hace un año me hubiera muerto de la risa si alguien me hubiera dicho que estaría donde estoy ahora mismo, diciendo lo que estaba diciendo "Sabía que ibas a traerme problemas desde el momento en que llamaste a mi puerta la primera vez"
    Kat rió secamente "Ya, pues pienso lo mismo, pero eso no es excusa para esa doble personalidad que tienes"
    "Bueno, esperaba que sirviera de excusa, aunque obviamente no lo hace" Dediqué una sonrisa torcida "Kat, sé que te atraigo. Sé que te gusta..."
      "Sentir atracción no es suficiente" Dijo
      "Nos llevamos bien"
      Me lanzó una mirada displicente.
      No pude evitar sonreír esa vez y lo intenté de nuevo "A veces"
      "No tenemos nada en común"
      "Tenemos mucho más en común de lo que tú te crees"
      "Lo que tú digas"
      Tomé un mechón de pelo y rodeé mi dedo con él "Sabes que lo deseas..."
     Dudó un momento antes de liberar su cabello "No sabes lo que quiero. No tienes ni idea. Quiero un chico que quiera estar conmigo porque realmente quiera estarlo. No porque se sienta obligado por algún tipo retorcido de sentimiento de responsabilidad"
      "Kat..."
     "¡No!" sus manos se cerraron en puños al mismo tiempo que inspiraba profundamente "No. Lo siento. Has pasado meses siendo un imbécil conmigo. No puedes decidir un día que me gustas y pensar que lo olvidaré. Quiero alguien que se preocupe por mí del mismo modo que lo hizo mi padre con mi madre. Y tú no eres esa persona"
      "¿Cómo puedes saberlo?"
    Me miró fijamente por un instante y luego se dirigió hacia la puerta como si se fuera a marchar. Esta conversación no había acabado. Me moví tan rápido que ella no me pudo ver y aparecí delante de la puerta principal.
      "Dios, ¡odio cuando haces eso!" exclamó Kat.
      La miré fijamente "No puedes seguir fingiendo que no quieres estar conmigo"
   Se me quedó mirando con aquella mirada furiosa que yo encontraba tremendamente sexy y, sí, la respetaba por ello, también. Pero entonces la mirada desapareció y sus labios se apretaron. La tristeza apareció en sus ojos "No estoy fingiendo"
   Y una mierda. Hubo un momento de duda antes de que dijera eso. Allí hubo algo más que ira o frustración. Tenía miedo y estaba triste. Lo entendía. Había sido un gilipollas con ella. No había nada excusa que la compensara por aquello, y como me di cuenta cuando la sostenía en mis brazos en aquél campo, no pude - no habría podido - dejarla ir "Estas mintiendo"
    "Daemon"
    Puse mis manos en sus caderas y la acerqué a mi. La calidez de su cuerpo fluyó sobre el mío y cerré los ojos brevemente, respirando profundamente un aire que sabía a Kat "Si yo quisiera estar con..." Mis manos se tensaron sobre sus caderas y ella se tambaleó un poco, hasta que nuestras piernas se rozaron otra vez, probando que sus palabras contradecían a lo que realmente deseaba. Agaché la cabeza y ella se estremeció "Si yo quisiera estar contigo, me lo pondrías difícil ¿verdad?"
    Kat levantó la cabeza "Tú no quieres estar conmigo"
    Oh, en aquello no estaba de acuerdo. Mis labios formaron una sonrisa "Creo que tal vez quiera"
    Un precioso rubor apareció en su cuello y quise seguirlo con mis labios "Pensar y tal vez no es lo mismo que saber"
    "No, no lo es, pero es algo" Era más que nada "¿O no?"
  Nuestras miradas volvieron a encontrarse y suspiré. Su tenacidad era algo admirable y me sentía increíblemente atraído, lo cual me hacía algo retorcido "Vas a hacer esto difícil"
    No dijo nada mientras se escapaba de mi y la dejé llegar a la puerta esta vez "¿Kat?"
    Se enfrentó a mi "¿Qué?"
    Sonreí y vi cómo sus ojos grises se iluminaban "¿Sabes que me encantan los retos?"
    Kat se rió suavemente y se dio la vuelta hacia la puerta, dedicándome el dedo corazón "Y a mi, Daemon. A mi también"
   Viéndola marchar, tengo que admitir que la veía igual de bien enfrentándome que por detrás cuando se alejaba de mi.
    Me encantaban los retos.

12.6.13

Mis Pequeñas Historias (5)

The Bane Chronicles #3


Cassandra Clare ha revelado un nuevo adelanto de la tercera entrega de Las Crónicas de Bane: Vampires, Scones and Edmund Herondale, historia corta de la vida de Magnus Bane que sale a la venta en formato digital el 18 de Junio:

"Era muy estúpido," dijo Edmund, casi violentamente. "Pensé en el amor como un juego. No es un juego. Es más serio que la muerte. Sin Linette, podría estar muerto." 
"Estás hablando de dejar de lado tu naturaleza de Cazador de Sombras," dijo Magnus suavemente. "Uno puede dejar muchas cosas por amor, pero uno no debe dejarse a sí mismo." 
"¿Así es Bane?" se giró Edmund hacia él. "Nací para ser un guerrero, y nací para estar con ella. Dime cómo conciliar a los dos, ¡porque yo no puedo!"

30.5.13

Mis Pequeñas Historias (4)


Hola, ¿cómo están? Ya falta poco para el fin de semana, y espero que este sea tan productivo como lo fue el anterior, ya que pronto mi agenda va a estar un poco apretada debido a los exámenes. 
Hoy traigo una entrada especial de Mis Pequeñas Historias. La entrada de hoy está totalmente dedicada a una página que tiene gran importancia para mí, una página que me gusta visitarla regularmente. El diario de una joven escritora, así es como se llama. Me encanta la manera de escribir que tienen, me encantan las frases que publican, y la manera que expresan sus sentimientos a través de las letras. Espero que puedan visitarla y les guste tanto como a mí. 





 Nadie lo ve, porque nadie se preocupa un poco mas. Estoy rota, pero ellos solo ven un pequeño rasguño. Me ahogo en llanto cuando ellos solo ven un disimulante brillo en mis ojos. Nadie lo nota, porque solo ven lo que quiero mostrarles, pero si me conocieran, si se interesaran en saber que me sucede sabrian que me quebre hace mucho tiempo y aun no consigo reunir todas las piezas juntas de nuevo.






Soy como un libro. . .Aparentemente aburrido. Fácil de echar a un lado. No te das cuenta si está o no ahí; pero una vez que lo abres, te das cuenta, por cada página, que escondo un secreto, que no soy como pensabas, y que soy mucho mejor de lo que las personas me quieren echar abajo. Que tengo magia, que tengo imaginación, que estoy llena de inspiración y llena de acertijos, que soy un misterio, pero no lo sabes, porque soy esa clase de libros que nadie lee. 




Cuando quieres a alguien haces cualquier cosa y cometes todas esas locuras que no puedes explicar. Niegas la verdad, crees en la mentira, y hay momentos en los que creerás que puedes realmente volar. Cuando quieres a alguien lo sientes profundo, y nada ni nadie te hará cambiar de opinión. Cuando quieres a alguien, cuando necesitas a alguien te sacrificas; das todo lo que tienes y no te lo piensas dos veces. Lo arriesgas todo y no te importan las consecuencias.


Hay personas que entran en tu vida y lo cambian todo.
Personas por las que vale la pena parar, respirar y valorar, valorar lo que realmente importa, los detalles, las pequeñas cosas, cosas como el agua del mar, las nubes, una mirada de esas que lo dicen todo, unos ojos como los tuyos, el modo en el que me sonríes, tus abrazos, los huracanes en el estomago, tus manos, esos detalles que hacen que todo tenga sentido. Son esas pequeñas cosas las que lo cambian todo, las que provocan que haga las maletas y salga corriendo sin importarme donde, siempre y cuando el destino seas tú, las culpables de que me hayan brotado alas.

Tú, de esas personas que aparecen y lo cambian todo, y hacen que ya nada importe y a la vez que todo empiece a importar.




Bueno esto es todo por hoy. Espero que hayan disfrutado de sus letras y que puedan visitar su página.
Mañana nos volvemos a encontrar con una recomendación de una película.


Un beso enorme


3.3.13

Mis Pequeñas Historias (3)


¡Sí, Sí! Se ha revelado el primer capitulo de Princesa Mecánica el último libro de la trilogía Cazadores de Sombras:Los Orígenes. Así que el capitulo va a ser publicado en la sección de Mis Pequeñas Historias 


En esta sección se publicarán pequeñas historias, relatos cortos o novelas. Pueden estar escritas por mí o por alguien más. 



1. Una fila terrible
  
Cásate en lunes por salud,   
En martes por bienestar  
Miércoles el mejor día de todos,  
Jueves por cruzas, 
 Viernes por pérdidas y  
Sábado para no tener ninguna suerte.   
                           
                      –Rima popular.  


“Diciembre es un tiempo afortunado para un matrimonio,” dijo la costurera hablando por entre la boca llena de alfileres, con la facilidad de años de práctica. “Ya que dicen, ‘Cuando la nieve de diciembre cae rápido, cásate, y el amor verdadero durará”. Ella clocó un último alfiler en el vestido, y dio un paso atrás. “Ahí esta. ¿Qué piensas? Está diseñado en base a uno de los diseños propios de Worth.”


Tessa miro su reflejo en el espejo de pie en su habitación. El vestido era de seda de un dorado profundo, como era costumbre para los Cazadores de Sombras, quienes creían que el blanco era el color del luto, y no se casarían de ese color, a pesar de que la Reina Victoria había instituido la moda al hacer justamente eso. Encaje duquesa bordeaba el apretado talle del corpiño y caía desde las mangas.

“Es encantador!” Charlotte juntó las manos y se inclinó hacia adelante. Sus ojos café brillando con gusto. “Tessa, el color se ve tan bien en ti.” 
Tessa se giró y se retorció frente al espejo. El oro ponía un color muy necesario en sus mejillas. El corsé de reloj de arena le daba forma y curvas en todas las partes donde se suponía, y el ángel mecánico alrededor de su garganta la confortaba con su tic tac. Debajo de este, colgaba el pendiente de jade que Jem le había dado. Ella le había puesto una cadena más larga de modo que pudiera usar ambos al mismo tiempo, no dispuesta a dejar ninguno. “No piensas que quizás el encaje es un poco demasiado adorno?”

“Para nada!” Charlotte se sentó de nuevo, con una mano inconscientemente descansando protectora sobre su vientre. Ella siempre había sido demasiado delgada – enjuta, en verdad – para necesitar un corsé, y ahora que iba a  tener un hijo,  había comenzado a usar vestidos de té, en los que se veía como un pajarito. “Es el día de tu boda, Tessa. Si hay alguna excusa para ponerse adornos excesivos, es esa. Solo imagínalo.”
Tessa había pasado muchas noches haciendo justamente eso. Ella no estaba segura todavía de si ella y Jem se casarían, ya que el Consejo aun estaba deliberando su situación. Pero cuando ella se imaginaba la boda, siempre era en una iglesia, ella marchando por el pasillo central, quizás del brazo de Henry, sin mirar ni a izquierda ni derecha, sino directo al frente hacia su prometido, como una digna novia debería. Jem estaría usando ropa de combate – no del tipo con la que peleaba, sino una especialmente diseñada, al estilo del uniforme militar, para la ocasión: negro con bandas doradas en las muñecas, y runas doradas bordadas, alrededor del cuello y  la abertura.


El se vería tan joven. Ambos eran tan jóvenes. Tessa sabía que era inusual casarse a los diecisiete y dieciocho, pero estaban corriendo contra reloj.


El reloj de la vida de Jem, antes de que terminara. 
Puso la mano en su garganta, y sintió la vibración familiar de su ángel mecánico, sus alas raspándole la palma. La costurera la miró con ansiedad. Ella era una mundana, no una Nefilim, pero tenía la Visión, así como todos los que servían a los Cazadores de Sombras. “Le gustaría que se le quitara el encaje, señorita?” 

Antes de que Tessa pudiera responder, hubo un golpe en la puerta, y una voz familiar. “Es Jem. Tessa ¿estás ahí?”

Charlotte se enderezó de un salto. “Oh! El no debe verte en tu vestido!”

Tessa se quedó ahí atontada. “¿Por qué no?


“Es una costumbre de Cazadores de Sombras  – trae mala suerte!” Charlotte se puso de pie. 


“Rápido! Escóndela detrás del ropero!”




“¿El ropero? Pero –“ Tessa se interrumpió con un quejido cuando Charlotte la cogió de la cintura y la llevó marchando a zancadas detrás del ropero, como un policía con un criminal particularmente resistente.

Liberada, Tessa se sacudió el vestido, y le hizo una cara a Charlotte, y ambas se asomaron por alrededor del mueble, mientras la costurera, después de una mirada de sorpresa, abrió la puerta. 


El cabello plateado de Jem apareció en la apertura. El se veía un poco desarreglado, su chaqueta torcida. Miró alrededor con confusión, antes de que su mirada se posara sobre Charlotte y Tessa, medio escondidas detrás del ropero. “Gracias al cielo,” dijo. “No tenía idea de a donde se habían ido cualquiera de ustedes. Gabriel Lightwood está abajo, y está haciendo la fila más terrible.”  

*** 


“Escríbeles, Will,” dijo Cecily Herondale. “Por favor. Solo una carta.”

Will se echó hacia atrás el cabello oscuro, empapado de sudor, y la miró molesto. “Pon tus pies en posición,” fue todo lo que dijo. Señaló con la punta de su daga. “Ahí, y  ahí.”

Cecily suspiró, y movió los pies. Habia sabido que estaba fuera de posición; lo había estado haciendo intencionalmente, para aguijonear a Wil. Era fácil aguijonear a su hermano. Tanto así recordaba sobre él de cuando tenía doce años. Incluso entonces, retarlo a hacer algo, como escalar el techo inclinado de su casa solariega, había resultado en la misma cosa: una flama  azul de enojo en sus ojos, una mandíbula tensa, y a veces Will con una pierna o brazo rotos al final de todo.


Por supuesto este hermano, el Will casi adulto, no era el hermano que ella recordaba de la infancia. Había crecido más explosivo y más alejado. Tenía toda la belleza de su madre, y toda la obstinación de su padre -  y ella temía que la inclinación de su padre a los vicios, aunque ella solo asumía eso por los susurros entre los ocupantes del Instituto.


"Levanta tu espada," dijo Will. Su voz tan fría y profesional como la de su institutriz. 


Cecily la levantó. Le había tomado algún tiempo el acostumbrarse a la sensación de la ropa de combate contra la piel: la túnica suelta y los pantalones, el cinturón alrededor de su cintura. Ahora se movía en él tan confortablemente como se había movido en el camisón más suelto. “No entiendo por qué no consideras  escribir una carta. Una sola carta.”

“Yo no entiendo, como es que no consideras irte a casa,” dijo Will. “Si solo accedieras a regresar a Yorkshire tu misma, podrías dejar de preocuparte sobre nuestros padres, y yo podría arreglar –“

Cecily lo interrumpió, habiendo ya escuchado ese discurso mil veces. “Podrías considerar una apuesta, Will?” 


Cecily estaba ambas satisfecha y un poco decepcionada de ver que los ojos de Will brillaron, justo del modo en que los de su padre siempre hacía cuando se sugería una apuesta entre caballeros. Los hombres era tan fáciles de predecir. 

“¿Qué clase de apuesta?” Will dio un paso al frente. Estaba usando ropa de combate; Cecily podía ver las Marcas que se etrelazaban en sus muñecas, la runa de la memoria en su garganta. Le había tomado tiempo el ver las Marcas como otra cosa que desfigurantes, pero ahora estaba acostumbrada a ellas – asi como se había acostumbrado a usar el uniforme, a los grandes salones con eco del Instituto, y a sus peculiares habitantes. 

Apuntó al muro frente a ellos. Una diana antigua había sido pintada en el muro, en negro: un ojo de buey dentro de un círculo más grande. “Si le atino al centro de eso, tres veces, tienes que escribirle una carta a Papá y Mamá y decirles cómo estás. Debes decirles de la maldición y por qué te fuiste.” 

El rostro de Will se cerró como una puerta, del modo en que lo hacía cuando ella hacía esa petición. Pero, “Nunca vas a atinar tres veces sin fallar, Cecy.” 

Bueno entonces no debería ser de mucha preocupación para ti, el hacer la apuesta, William. “Ella usó su nombre completo a propósito. Ella sabía que le  molestaba, viniendo de ella, aunque cuando lo hacía su mejor amigo Jem – no, su parabatai; ella había aprendido desde que vino al Instituto que esas eran cosas bastante distintas – Will parecía tomarlo como un término de cariño. Posiblemente era porque aun tenía recuerdos de ella gateando detrás de él sobre piernas regordetas, llamándole Will, Will, tras él, en un galés sin aliento. Ella nunca lo había llamado “William,” siempre solo “Will” o su nombre en galés Gwilym. 


Sus ojos se entrecerraron, esos ojos azul oscuro del mismo color que los de ella. Cuando su madre había dicho cariñosamente que Will sería un rompecorazones, cuando creciera, Cecily la había mirado con dudas. Will era todo brazos y piernas entonces, flacucho y desarreglado y siempre sucio. Aunque ella podía verlo ahora, lo había visto cuando entró en el comedor del Instituto y él se puso de pie por la sorpresa, y había pensado: Ese no puede ser Will.

El había vuelto esos ojos hacia ella, los ojos de su madre, y ella había visto enojo en ellos. No estuvo contento de verla, para nada. Y en donde en sus recuerdos había estado un muchacho flacucho con el cabello negro salvaje, enmarañado como el de un gitano, y hojas en sus ropas, ahora estaba este hombre alto y aterrador en su lugar. Las palabras que quería decirle se disolvieron en su lengua, y lo había igualado, mirada feroz por mirada feroz. Y así había sido desde entonces, Will apenas soportando su presencia como si ella fuera una piedra en su zapato, una molestia constante pero menor.

Cecily respiró profundamente y levantó la barbilla preparndose para tirar el primer cuchillo. Will no sabría nunca las horas que había pasado en su habitación, a solas, practicando, aprendiendo como balancear el peso del cuchillo en la mano, descubriendo que una buena lanzada de cuchillo comenzaba desde atrás del cuerpo. Mantuvo los dos brazos rectos hacia abajo y lanzó su brazo derecho por detrás de su cabeza, antes de lanzarlo y el peso de su cuerpo hacia adelante. La punta del cuchillo estaba en línea con el objetivo. La soltó y chasqueó la mano hacia atrás, jalando un jadeo. El cuchillo se clavó, con la punta en la pared, exactamente en el centro de la diana. 

"Uno,” dijo Cecily dándole a Will una sonrisa de superioridad. 

El la miró como de piedra, arrancó el cuchillo de la pared y se lo dio de vuelta. Cecily lo lanzó. El segundo tiro, como el primero voló directamente hacia su objetivo  se clavo ahí, vibrando como un dedo burlón. 

“Dos,” Cecily dijo en un tono sepulcral.

La mandíbula de Will se apretó, mientras tomaba el cuchillo de nuevo y se lo presentaba. Ella lo tomó como una sonrisa. La confianza fluía a través de sus venas como sangre nueva. Ella sabía que podía hacer esto. Siempre había sido capaz de escalar tan alto como Will, correr tan rápido sostener la respiración tanto tiempo… 

Lanzó el cuchillo. Se clavó en su objetivo, y ella saltó en el aire, aplaudiendo, olvidándose por un momento en la emoción de la victoria.

Su cabello se salió de los pasadores y se derramó en su cara; ella lo empujó hacia atrás y le sonrió a Will. “¡Deberás escribir esa carta. Accediste a la apuesta!”

Para su sorpresa, él le sonrió. “Oh, la escribiré,” dijo. “La escribiré, y entonces la lanzaré al fuego.” El sostuvo una mano en alto contra su arranque de indignación. “Dije que la escribiría. Nunca dije que iba a enviarla.”

El aliento de Cecily salió en un jadeo. “Como te atreves a engañarme de esa manera!”


“Te dije que no tenías madera de Cazador de Sombras, de otro modo no hubieras sido engañada tan fácilmente. No voy a escribir la carta Cecily, es contra la Ley, y es el fin de esto.” 


“Como si te importara la Ley!”  Cecily dio un pisotón y estuvo inmediatamente más molesta que nunca; detestaba a las chicas que daban pisotones.



Los ojos de Will se estrecharon. "Y a ti no te importa el ser una Cazadora de Sombras. ¿Cómo es esto? Escribiré una carta y te la daré  si prometes entregarla en casa tu misma - y no regresar." 

Cecily se echó atrás. Tenía muchos recuerdos de competencias a gritos con Will, de las muñecas de porcelana que tenía y que él había roto lanzándolas por la ventana del ático; pero también había amabilidad en sus recuerdos - del hermano que había vendado una rodilla herida, o que había vuelto a atar sus listones del cabello cuando se soltaban. Esa amabilidad estaba ausente del Will que estaba de pie frente a ella ahora. Mamá solía llorar por el primer año o dos después de que Will se fuera; ella había dicho, sosteniendo a Cecily contra ella, que los Cazadores de Sombras, le quitarían "todo el amor". Personas frías, le había dicho a Cecily, gente que había prohibido el matrimonio con su esposo. ¿Que podría querer con ellos, su Will, su pequeño?, "No iré," dijo Cecily, mirando a su hermano hacia abajo. "Y si insistes en que debo, entonces yo - yo -"


La puerta del ático se abrió y la silueta de Jem se quedó de pie en la entrada. "Ah," dijo, "amenazándose el uno al otro, ya veo. ¿Esto lleva toda la tarde o acaban de comenzar?

"Él comenzó," dijo Cecily, sacando la barbilla hacia Will, aunque sabía que no tenía sentido. Jem, el parabatai de Will, la trataba con la dulce distante amabilidad reservada para las hermanas pequeñas de los amigos de uno, pero él siempre tomaba el lado de Will. Amablemente pero firmemente, ponía a Will por encima de cualquier otra cosa en el mundo. 

Bueno, casi todo. Ella había estado más que sorprendida por Jem cuando había llegado al Instituto por primera vez - él tenía esa inusual belleza fuera de este mundo, con su cabello y ojos plateados y la delicadadeza extranjera de sus rasgos. Se veía como un principe en un libro de cuentos de hadas, y ella pudo haber considerado el desarrollar un encariñamiento con él, si no hubiera sido tan absolutamente claro que él estaba completamente enamorado de Tessa Gray. Sus ojos la seguían a donde fuera, y su voz cambiaba cuando le hablaba. Cecily una vez escuchó a su madre decir con diversión que uno de los muchachos del vecino, veía a una chica como si fuera "la única estrella en el cielo" y ese era el modo en que Jem miraba a Tessa. 

Cecily no lo resentía: Tessa era agradable y amable con ella, si acaso un poco tímida, y con su cara siempre escondida en un libro como Will. Si esa era la clase de chica que Jem quería, ella y él nunca hubieran encajado - y entre más tiempo permanecía en el Instituto, más se daba cuenta que tan incómodas hubieran sido las cosas con Will. El era ferozmente protector de Jem, y él hubiera estado siempre vigilándola en caso de que ella alguna vez angustiara o lastimara a Jem de algun modo. No - ella estaba mucho mejor simplemente quedandose fuera de toda esa situación. 

"Solo estaba pensando en abrigar a Cecily y darsela de comer a los patos de Hyde Park," dijo Will, haciendo a un lado su cabello húmedo y favoreciendo a Jem con una rara sonrisa. "Podría usar tu asistencia." 


"Desafortunadamente, puede que tengas que retrasar tus planes fraticidas un poco más. Gabriel Lightwood está abajo, y tengo dos palabras para ti. Dos de tus palabras favoritas, al menos cuando las pones juntas." 


"¿Necio total?" inquirió Will. "¿Advenedizo sin valor?"


Jem sonrió. "Viruela Demoníaca," dijo.


***

Sophie balanceó la bandeja en una mano con la facilidad de mucha práctica mientras golpeaba en la puerta de Gideon Lightwood con la otra. Escuchó el sonido de un movimiento apresurado y la puerta se abrió. Gideon estaba de pie frente a ella en sus pantalones, tirantes, y una camisa blanca enrollada hasta los codos. Sus manos estaban húmedas, como si se acabara de pasar los dedos rápido por el cabello, que también estaba mojado. Su corazón dio un salto dentro de su pecho, antes de asentarse. Se forzó a si misma a fruncirle el ceño. 

"Señor Lightwood," dijo ella. "He traido los panecillos que solicitó y Bridget le hizo un plato de sandwiches también."

Gideón dio un paso hacia atrás y la dejó entrar en su habitación. Era como todos los otros dormitorios en el Instituto: muebles pesados y oscurs, una gran cama de cuatro postes, una amplia chimenea, y ventanas que en este caso daban hacia el patio abajo. Sophie pudo sentir su mirada sobre ella mientras se movía através de la habitación para colocar la bandeja en la mesa frente al fuego. Se enderezó y se dio la vuelta hacia él, con las manos dobladas frente a su delantal. 

"Sophie-," comenzó él. 

"Señor Lightwood," ella interrumpió. "¿Hay alguna otra cosa que necesite?"

El la miró medio rebelde, medio triste. "Desearía que me llamaras Gideon."
"Se lo he dicho, no puedo llamarle por su nombre de pila."
"Soy un cazador de Sombras, no tengo un nombre de pila. Sophie, por favor." El dió un paso hacia ella. "Antes de que tomara residencia en el Instituto, pensé que estábamos en buen camino hacia una amistad. Y aun así, desde el día que llegué, has sido fría conmigo." 

Las manos de Sophie se fueron involuntariamente hacia su cara.  Ella recordaba al Amo Teddy, el hijo de su antiguo empleador, y la manera horrible en que la atrapaba en las esquinas oscuras y la apretaba contra la pared, con manos trepando por su corpiño, murmurandole en el oído de que más le valía ser amigable con él, si sabía lo que era bueno para ella. El pensamiento la llenaba de nauseas incluso ahora. 

"Sophie." Los ojos de Gideon se arrugaron con preocupación en las esquinas. "¿Qué pasa? Si hay algo malo que yo te haya hecho, algún desliz, por favor dime que ha sido para que pueda remediarlo-"

"No hay ningún error, ningún desliz. Es un caballero, y yo una sirviente; algo más sería una familiaridad. Por favor no me haga sentir incómoda, Señor Lightwood."

Gideon, quien había medio levantado la mano, la dejó caer a su costado. Se veía tan desconsolado que el corazón de Sophie se suavizó.  -Yo tengo todo que perder, y él no tiene nada que perder,- se recordó a si misma. Es lo que se había dicho mas tarde aquella noche, descansando en su angosta cama, con el recuerdo de un par de ojos color tormenta, acosandola en su cabeza. "Había pensado que eramos amigos," dijo.
"No puedo ser su amiga."
Él dió un paso adelante. "¿Y que si fuera a pedirte que-" 

"Gideon!" Era Henry, en la puerta abierta, sin aliento, usando uno de sus terribles chalecos a rayas verde con naranja. "Tu hermano está aquí. Abajo.-" 

Los ojos de Gideon se ampliaron. "¿Gabriel está aquí?"
"Si. Gritando algo sobre tu padre, pero él no nos dirá más a menos que tu estés ahí. Lo jura. Ven conmigo." 

Gideon dudó, sus ojos moviéndose de Henry a Sophie, quien trató de ser invisible. "Yo..."
"Ven ahora, Gideon." Henry rara vez hablaba con dureza, y cuando lo hacía el efecto era  sorpresivo. "Está cubierto en sangre."
Gideón palideció, y alcanzó la espada que colgaba de un set de clavijas dobles en su puerta. "Estoy en camino."

*** 

Gabriel Lightwood se inclinó contra la pared dentro de las puertas del Instituto, su chaqueta no estaba, su camisa y pantalones empapados en escarlata. Afuera, a traves de las puertas abiertas, Tessa podía ver el carruaje de los Lightwood, con su flamante ostentación, traido hasta el pie de los escalones. Gabriel debió conducirlo él mismo. 

"Gabriel," dijo Charlotte conciliadora, como si tratara de apaciguar a un caballo salvaje. "Gabriel, dinos que pasó por favor." 

Gabriel, - alto y delgado, con el cabello café pegajoso con sangre - se frotó la cara, con ojos salvajes. Sus manos estaban sangrientas también. "¿Dónde está mi hermano? Tengo que hablar con mi hermano."

"Está bajando. Envié a Henry a buscarle, y Cyril para que prepare el carruaje del Instituto. Gabriel ¿estás herido? ¿necesitas un iratze?" Charlotte sonaba tan maternal como si este muchacho jamás la hubiera echado de cabeza desde detrás de la silla de Benedict Lightwood, como si nunca hubiera conspirado con su padre para quitarle el Instituto.

"Es un montón de sangre," dijo Tessa, presionando. "Gabriel, no toda es tuya ¿o si?" Gabriel la miró. Era la primera vez, pensó Tessa, que ella lo había visto comprartarse con ninguna pose. Era solo un miedo aturdidor en sus ojos - confusión. "No... Es de ellos-"

"¿Ellos? ¿Quienes son ellos?" Era Gideon, bajando con prisa las escaleras, una espada en su mano derecha. Junto con él venía Henry, y Jem y detrás de ellos Will y Cecily. Jem se detuvo en los escalones con sorpresa, y Tessa se dio cuenta de que la había visto con su vestido de novia. Sus ojos se ampliaron pero los otros ya se estaban abriendo paso y estaba siendo arrastrado por las escaleras como una hoja en una corriente de aire.

"¿Padre está herido?" prosiguió Gideon, deteniendose frente a su hermano. "¿Lo estás tu?" Levantó la mano y tomó la cara de su hermano acunando su barbilla, y volviéndola hacia él. Aunque Gabriel era más alto, la mirada de hermano menor estaba clara en su rostro - alivio de que su hermano estuviera ahi, y un brillo de resentimiento hacia su tono autoritario.

"Padre...," comenzó Gabriel. "Padre es un gusano." 

Will dió una corta risotada. Estaba en ropa de combate como si acabara de llegar de la sala de práctica, y su cabello se enredaba húmedo contra sus sienes. No estaba mirando a Tessa, pero ella ya se había acostumbrado a eso. Will dificilmente la miraba a menos que tuviera que hacerlo. "Es bueno ver que has cambiado tu visión de las cosas, Gabiel, pero esta es una manera inusual de anunciarlo." 

Gideón le lanzó a Will una mirada de reproche antes de volverse a su hermano de nuevo. "¿A qué te refieres Gabriel? ¿Que hizo Padre?" 

Gabriel sacudió la cabeza. "Es un gusano," dijo de nuevo sin entonación.

"Lo sé. Ha traido la vergüenza al nombre Lightwood, y nos mintió a los dos. Avergonzó y destruyó a nuestra madre. Pero no necesitamos ser así con él."
Gabriel se alejó del agarre de su hermano, sus dientes de pronto mostrando una mueca de enojo. "No estás escuchandome," dijo. "Es un gusano. Un gusano. Una cosa sangrienta enorme con forma de serpiente. Ya que Mortmain dejó de enviar la medicina, ha estado peor. Cambiando. Esas llagas en sus brazos, comenzaron a cubrirle. Sus manos, su cuello, s-su cara..." Los ojos verdes de Gabriel buscaron los de Will. "Era la viruela, ¿no es asi? Tu sabes todo sobre eso, ¿cierto? No eres algo asi como un experto?"

"Bueno, no hay necesidad de actuar como si yo la hubiera inventado," dijo Will. "Solo por que creía en su existencia. Hay recuentos de ello - viejas historias en la biblioteca-" 

"¿Viruela demoníaca?" dijo Cecily, su cara deshecha con la confusión. "Will, ¿de qué está hablando?" 

Will abrió la boca, y se ruborizó un poco en las mejillas. Tessa escondió una sonrisa. Habian sido semanas desde que Cecily llegó al Instituto, y aun asi su presencia molestaba y enojaba a Will. El no parecía saber como comportarse al rededor de su hermana pequeña, quien no era la niña que él recordaba, y cuya presencia él insistía no era bienvenida. 

Y aun así, Tessa lo había visto seguir a Cecily con los ojos al rededor de la habitación, con el mismo amor protector en su mirada que  veces le prodigaba a Jem. Seguramente la existencia de la viruela demoníaca y el como la adquiria uno, era la última cosa que él quisiera explicarle a Cecily. "Nada que necesites saber," murmuró. 

Los ojos de Gabriel se fueron hacia Cecily, y sus labios se abrieron con la sorpresa. Tessa pudo notar como tomaba apreciación de Cecily. Los padres de Will debieron haber sido ambos muy hermosos, pensó Tessa, por que Cecily era tan bonita como Will era guapo, y con el mismo cabello negro brillante y sorprendentes ojos azules. Cecily le devolvió la mirada con atrevimiento, su expresión curiosa; debía estarse preguntando quien era este muchacho a quien parecia disgustarle tanto su hermano. 

"¿Está Padre muerto?" Demandó Gideón, levantando la voz. "¿Lo ha matado la viruela demoníaca?"

"No muerto," dijo Gabriel. "Cambiado. Lo ha transformado. Hace unas semanas se movió hacia nuestra casa en Chiswick. El no dijo por qué. Entonces hace unos días, se encerró a sí mismo en el estudio. No salía ni siquiera comía. Esta mañana fui al estudio a tratar de levantarlo. La puerta habia sido arrancada de sus goznes. Había un... un rastro de algo baboso dirigiendose hacia el salón. Lo seguí escaleras abajo y hacia los jardines." El miró al rededor a la ahora entrada silenciosa. "Se ha convertido en un gusano. Es lo que estoy diciéndote." 

"No supongo que sería posible," dijo Henry en el silencio. "el, um, pisarle?"

Gabriel lo miró con disgusto. "Busqué al rededor de los jardines. Encontré algo de los sirvientes. Y cuando digo, encontré, algo de ellos, digo exactamente lo que estoy diciendo. Habian sido hechos - hechos pedazos." Tragó y miro hacia sus ropas sangrientas. "Escuché un sonido, como un chillido o aullido. Me volví y lo vi venir hacia mi. Un enorme gusano ciego, como un dragon salido de una leyenda. Su boca estaba completamente abierta, llena con dientes afilados. Me di la vuelta  y corrí hacia los establos. Vino arrastrandose detrás de mi, pero salté en el carruaje y lo conduje por las puertas. La creatura - Padre - no me siguió. Creo que tiene miedo de que lo vea la población en general. 

"Ah," dijo Henry. "Es demasiado grande para pisarlo, entonces." 

"No debería haber corrido," dijo Gabriel, mirando a su hermano. "Debería haberme quedado y luchado contra la criatura. Quizás razonar con él. Quizás Padre esté ahi en alguna parte." 

"Y quizás te hubiera partido a la mitad de una mordida," dijo Will. "Lo que estás describiendo es la transformación en un demonio, es la ultima etapa de la viruela." 

"Will!" Charlotte levantó las manos. "¿Por qué no dijiste eso?"

"Los libros sobre Viruela Demoníaca, están en la biblioteca, ya sabes." dijo Will con un tono herido. "Yo no estaba evitando a nadie el que los leyera." 

"Si, pero si Benedict iba a convertirse en una enorme serpiente, se pensaría que al menos podrías haberlo mencionado," dijo Charlotte. "Como un asunto de interés general." 

"Primero," dijo Will, "No sabía que iba a convertirse en un gusano gigantesco. La etapa final de la viruela demoníaca es convertirse en un demonio. Podría haber sido uno de cualquier tipo. Segundo, el proceso de transformación toma semanas en ocurrir. Hubiera pensado que incluso un idiota certificado como Gabriel se hubiese dado cuenta y hubiera notificado a alguien." 

"¿Notificarle a quien?" preguntó Jem, no sin razón  El se había movido más cerca de Tessa a medida que la conversación continuaba. Mientras estaban lado a lado, los dorsos de sus manos se rozaban. 

"La Clave. El cartero. A nosotros. A cualquiera," dijo Will, lanzando una mirada irritada a Gabriel quien estaba comenzando a tomar color de nuevo, y se veía furioso.

"No soy un idiota certificado-" 

"La falta de certificación difícilmente prueba inteligencia," Will  murmuró.

"Como les dije, Padre se encerró en el estudio durante la semana pasada-"
"¿Y no pensaste poner atención especial a eso?" dijo Will. 
"Tu no conoces a nuestro padre," dijo Gideon en el tono de voz plano que usaba a veces cuando las conversaciones sobre su familia eran inevitables. Se volvió de nuevo a su hermano y puso las manos en los hombros de Gabriel, hablando serenamente en tonos mesurados que ninguno de ellos podían escuchar. 
Jem junto a Tessa, enganchó su dedo pequeño a través del de ella. Era un gesto de cariño habitual, al que Tessa se había acostumbrado durante los meses pasados, lo suficiente que a veces ella extendía su mano sin pensarlo cuando él estaba parado junto a ella. "¿Ese es tu vestido de bodas?" preguntó en voz baja. 
Tessa se salvó de responder, por la aparición de Bridget, trayendo ropas de combate, y Gideon de pronto volviéndose a todos ellos y diciendo, "Chiswick. Debemos ir. Gabriel y yo, si nadie más."
"¿Irán solos?" preguntó Tessa, lo bastante sorprendida como para hablar fuera de turno. "Pero ¿por que no llaman a otros para que vayan con ustedes-?"  
"La Clave," dijo Will, sus ojos azules con perspicacia. "El no quiere que la Clave sepa sobre su padre." 
"¿Tu querrías?" dijo Gabriel acalorado. "¿Si fuera tu familia?" Sus labios se curvaron. "No importa. No es como si tu supieras el significado de la lealtad-"

"Gabriel." La voz de Gideon era de reproche. "No le hables a Will de ese modo." 

Gabriel parecía sorprendido, y Tessa difícilmente podía culparle. Gideon sabía de la maldición de Will por supuesto, de la creencia que había causado su hostilidad y sus modales abruptos, como todos en el Instituto lo sabían, pero la historia era privada para ellos, y no se le había dicho a nadie de fuera. 

"Iremos con ustedes. Por supuesto que iremos con ustedes," dijo Jem, dejando la mano de Tessa y dando un paso al frente. "Gideon nos hizo un servicio. No lo hemos olvidado, ¿verdad Charlotte?" 

"Por supuesto que no," dijo Charlotte, dandose la vuelta. 

"Bridget, la ropa de combate-" 

"Convenientemente ya estoy en ropa de combate," dijo Will mientras Henry se quitaba el abrigo y lo intercambiaba por la chaqueta de combate y el cinturón de armas; Jem hizo lo mismo, y de pronto el vestíbulo estaba lleno de movimiento- 

Charlotte hablándole tranquilamente a Henry su mano posándose justo sobre su estómago. Tessa miró a otro lado del momento privado, y vio una cabeza oscura inclinarse junto a una clara. Jem estaba al lado de Will con su estela en mano, trazando una runa a un costado de la garganta de Will. Cecily miró a su hermano y frunció el ceño.

"También estoy convenientemente en ropa de combate," anunció.

Will levantó de golpe la cabeza. causando que Jem hiciera un molesto sonido de protesta. "Cecily, absolutamente no." 

"No tienes derecho a decirme que si o no." sus ojos relampaguearon. "Voy a ir." 
Will volteó la cabeza hacia Henry, quien se encogió de hombros a manera de disculpa. "Ella tiene derecho. Ha sido entrenada por casi dos meses-"

"Es una niña pequeña!" 

"Tu estabas haciendo lo mismo a los quince," dijo Jem tranquilamente, y Will se giró de regreso hacia él. Por un momento todos parecieron contener el aliento, incluso Gabriel. La mirada de Jem sostuvo la de Will, con firmeza, y no por primera vez Tessa tuvo la impresión de que intercambiaban palabras sin pronunciarlas. 

Will suspiró y medio cerró los ojos. "Luego querrá venir Tessa." 

"Por supuesto que voy," dijo Tessa. "Puede que no sea una Cazadora de Sombras, pero también he sido entrenada. Jem no va a ir sin mi." 

"Estás en tu vestido de bodas," protestó Will. 

"Bueno, ya que todos lo han visto, no puedo usarlo para casarme con él," dijo Tessa. "Ya saben, trae mala suerte." 

Will gruñó algo en galés - inentendible pero claramente el tono de un hombre derrotado. A través de la habitación, Jem le dirigió a Tessa una ligera sonrisa de preocupación. La puerta del Instituto se abrió entonces, dejando entrar un rayo de luz otoñal hacia el vestíbulo. Cyril estaba de pie en el umbral, sin aliento. 

"El segundo carruaje ya está listo," dijo. "¿Quienes vendrán entonces?"

*** 

Para: Consul Josiah Wayland
De: El Consejo

Querido Señor, 
Como usted sin duda sabe, su mandato como cónsul, después de diez años, está llegando a su fin. Ha llegado el momento de nombrar un sucesor. 

En cuanto a nosotros, estamos considerando seriamente el nombramiento de Charlotte Branwell, nacida Fairchild. Ella ha hecho un buen trabajo como cabeza del Instituto de Londres y creemos que ella tendrá su sello de aprobación ya que fue nombrada por usted después de la muerte de su padre. 

Ya que su opinión y estima son para nosotros del valor más alto, agradeceremos cualquier idea que pueda tener al respecto. 

Suyo con la más alta consideración, 

Victor Whitelaw, 
Inquisidor, a nombre del Consejo.